Ecoregión Mediterránea de Chile

Entorno Ambiental

La Ecoregión Mediterránea chilena posee altos niveles de endemismo local y regional, siendo hogar de una rica diversidad de especies de plantas y animales. Formada por gradientes de profundidad de suelo y disponibilidad de agua, las formaciones vegetales en la región Mediterránea chilena incluyen densos bosques poco comunes hoy en día. La Ecoregión se caracteriza por la sensibilidad de la distribución de las plantas a las características topográficas y fisiográficas del terreno tales como la exposición, profundidad e inclinación del suelo; por la dependencia de la disponibilidad de agua durante las estaciones secas del verano típicas de los climas mediterráneos. Allí, las especies desarrollan elaboradas estrategias reproductivas y de sobrevivencia adaptadas al clima y terreno, en el contexto de un régimen de fuerte alteración natural (principalmente por incendios), caracterizada por un gradiente hídrico norte-sur definido por una mayor aridez de sur a norte.

Se trata de una fuente de importantes servicios y recursos tanto para el ecosistema como para la población que allí habita. Uno de los servicios más importantes es la captura de carbono: se estima que una hectárea de matorral contiene entre 23.5 y 133.5 toneladas de CO2. Entre los recursos que provee, la biomasa leñosa es fuente de calefacción y energía para cocinar para aproximadamente 4.2 millones de habitantes en Chile central.

La agricultura depende de los servicios del ecosistema que entregan recursos genéticos de las plantas, fertilidad del suelo, y polinización, cubriendo entre el 70-75% del área original de la región, dependiendo del agua existente en los acuíferos recargados por áreas forestales sensibles y que ya se encuentran agotadas. Vale destacar, que quince de estos acuíferos ya sufren limitaciones en su uso debido a su sobreextracción y/o a su recarga insuficiente. La ecoregión también cubre la partes alta y media de las cuencas fluviales de trece ríos importantes (desde el Copiapó en el norte hasta el Bio Bio en el sur), proporcionando agua para uso doméstico, agrícola, comercial e industrial; los ecosistemas mediterráneos intactos y en pleno funcionamiento ayudan a reducir el riesgo de peligrosas inundaciones en las zonas agrícolas y urbanas, y facilitan la recarga de los acuíferos.

Esta zona conforma una de cinco ecosistemas mediterráneos en todo el mundo, junto con la Cuenca del Mar Mediterráneo y áreas de California, el sur de Australia y Sudáfrica, a pesar de ello es la ecoregión más amenazada de Chile como consecuencia del desarrollo que afecta cada vez más los valores ambientales locales y mundiales que en ella existen. Queda muy poco de la cubierta vegetal original de la ecoregión (menos de un 15% según la mayoría de los estudios). Las proyecciones a largo plazo evidencian fuerte problemas ambientales como una alta degradación de suelo o graves impactos a causa del cambio climático, que sólo pueden ser combatidos si se aúnan esfuerzos para el buen manejo de los recursos naturales y el desarrollo de las poblaciones locales que allí habitan.

Contexto socio-económico

Debido a sus recursos de suelo y agua, clima y ubicación geográfica, la Ecoregión Mediterránea fue el centro de una intensa colonización y asentamiento que comenzó en el siglo XVI. A partir de este siglo, se convirtió rápidamente en la principal fuente de producción agrícola para consumo doméstico y exportación, en la zona más densamente poblada del país. El desarrollo histórico de la agricultura y los asentamientos que la acompañaron han dado como resultado territorios que se caracterizan por parches remanentes de bosque nativo, extensas áreas de suelos degradados y campos de cultivo de distintos tamaños, productividad y sus respectivos niveles de tecnificación. Estos territorios reflejan una combinación de conversión de hábitat, fragmentación progresiva y degradación acumulativa. Ésta última reflejada en la pérdida de importantes especies y hábitats endémicos amenazados e invasión de especies no autóctonas dañinas para los ecosistemas costeros, de agua dulce y forestales. Esta dinámica ha afectado seriamente el volumen y la calidad de los servicios de un ecosistema que ha contribuido de manera importante a las crisis ambientales mundiales del cambio climático, pérdida de la biodiversidad y degradación del suelo.

Más de un millón de personas que viven en áreas rurales en la Ecoregión Mediterránea son desproporcionadamente más pobres o viven en condiciones socioeconómicas más marginales que las poblaciones urbanas. En promedio, un habitante rural típico de la ecoregión recibe entre el 20-25% de su ingreso del pastoreo extensivo ilegal, y de la extracción no regulada, mercado gris, de productos del bosque madereros y no madereros. Estas actividades incluyen la recolección de leña regulada y no regulada de todo tipo (para venta o consumo), la ganadería extensiva, que lleva al pastoreo excesivo, y la extracción de madera y productos forestales no asociados a la madera (PFNM) bajo planes de gestión regulados pero no supervisados o con un bajo valor agregado.

El 75-80% restante del ingreso de un pequeño agricultor típico se genera a través de la crianza intensiva de ganado y la agricultura para los mercados locales y subregionales, ambas actividades con bajo valor agregado debido a su escala y grado de tecnificación. Los propietarios de terrenos micro, pequeños y medianos, comprenden una gran mayoría de habitantes rurales en la Ecoregión Mediterránea – cerca del 84% de los propietarios de terrenos poseen un 18% del área total.

Esta población dependiente de los recursos cuenta con la leña como su principal fuente de energía, contribuyendo así al cambio climático por el uso y generación ineficiente de una fuente de energía y por la degradación del bosque seco. Los hogares rurales y más pobres dependen fuertemente de la leña como fuente de energía (ver gráfico más abajo) convirtiéndose en los impulsores principales de la degradación forestal

Actividades del sector productivo

La Ecoregión Mediterránea se divide en un número de zonas agroclimáticas que van de norte a sur aproximadamente a lo largo de una gradiente hídrica marcada desde más seca a más húmeda. Cada zona generalmente se ejemplifica por factores diferentes asociados al clima, recursos, entre otros, que resultan en patrones de uso del suelo característicos que comúnmente involucran a las cosechas, la tenencia de las tierras, el clima y otros factores.

El sector productivo en la Ecoregión Mediterránea chilena constituye cerca del 80% de la actividad económica del país. Incluso sin considerar las áreas urbanas, la producción de uvas, frutillas, manzanas y otras frutas y vegetales de clima templado convierten al sector agrícola en el principal consumidor de agua en la ecoregión, y también a nivel nacional – el 84,5% de toda el agua se utiliza en la agricultura. La ecoregión es además la principal ubicación o fuente de otros importantes recursos naturales renovables como el suelo fértil y la biomasa.

A pesar de la importancia económica y ecológica de la Ecoregión, la degradación del ecosistema mediterráneo es evidente y viene dado como resultado del empobrecimiento ecológico causado por la caza furtiva, la recolección de leña, y la extracción no sustentable de productos forestales no madereros. Este proceso gradualmente debilita la resistencia de los ecosistemas forestales a otros agentes agresores externos como las especies invasoras, pestes y enfermedades, incendios forestales y, por último, al cambio climático. Los bosques degradados como consecuencia de la explotación maderera no sustentable, de productos del bosque no madereros o del desbroce parcial y fragmentación son mucho menos resistentes a extremos climáticos como una sequía sostenida.

Pese a la tasa neta de deforestación para el total del país, cerca de 8.000 hectáreas de bosque nativo en la ecoregión son convertidos de manera permanente cada año a terreno agrícola comercial, pastizales para ganado vacuno o caprino, pequeña agricultura, o asentamiento urbano e infraestructura. Cerca del 85% de la cubierta vegetal original de la región se ha modificado de manera importante. Esto significa una presión en constante aumento sobre las especies y hábitats salvajes que ahí permanecen. Los incendios forestales y de matorrales son una fuente importante de emisiones de gas de efecto invernadero y pérdida de hábitats y biodiversidad en el matorral.

La fragmentación del hábitat sucede a lo largo de la ecoregión, principalmente debido al desbroce de las tierras para el desarrollo agrícola y al despliegue de infraestructura, principalmente vial, ante la falta de planificación en el uso de suelos a escala territorial. En la ecoregión de matorral, los bosques relativamente vírgenes que quedan sufren un alto nivel de fragmentación, sólo las áreas forestadas en áreas montañosas inaccesibles muestran un grado importante de integridad y conectividad.

TERRITORIOS DE IMPLEMENTACIÓN

Región Metropolitana

Región del Libertador General Bernardo O´Higgins

Región de La Araucanía